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miércoles, 11 de enero de 2012

TENDENCIA Y TENDIDOS

TENDENCIA Y TENDIDOS

Image::MR KARIM SADLI PHOTOGRAPHER © PARIS::


Hace algunos días atrás, hablaba [después de casi dos años] con un viejo amigo, hoy radicado en la capital británica y dedicado al mundo de las galerías y los marchantes de arte. Había que ponerse al día. Junto a él había comenzado, hace años, a buscar ideas para que grandes empresas sacaran nuevos productos al mercado, también a buscar nuevas formas de confección y estilos para firmas de moda, también para revistas de los lugares más caprichosos. Ambos nos habíamos salvado de varias feas: un tiroteo entre camellos en un barrio marginal de Londres debajo de un coche, peleas de bares en Amsterdam usando mesas y sillas de escudo, golpizas entre prostitutas transexuales avanzando cual mimos por las paredes de las discotecas gay gritando como pendencieros "¡dale duro a esa cabrona!" en Barcelona y Madrid, y otras cuantas más corriendo verdaderas maratones para salvar el pellejo en un sinnúmero de ciudades, porque nos linchaban. También disparábamos discretas fotos vestidos de frac y peinados cual lamido de vaca en opulentos palacios de la ópera, ballets, exposiciones de arte y de fashion victims entre los snob de las semanas de la moda en las capitales europeas, sino por la puerta grande, por cocinas, depósitos, ventanas de baños o carpas de catering. Era una auténtica locura, pero cumplíamos con nuestro trabajo, las empresas encantadas de la vida y nosotros vamos, como auténticos súper espías por la vida. Haciendo un repaso a tantas anécdotas dignas de un film de acción, o de comedia, surrealistas, simplemente, no podías más que explotar a carcajadas y a mover la cabeza sin dar crédito a todo aquello por lo que habíamos pasado, y nos las buscábamos. Nos la pasamos bomba. Pero las cosas habían cambiado, y mucho.


Por aquellos años no éramos muchos, por no decir que eran contados con los dedos. Había que tener piel de elefante cual mercenario, que todo te la sudara. Había que estar como una auténtica cabra de montaña. En aquel tiempo no tenían un nombre que los identificase, hasta que alguien un buen día se los puso: coolhunters. Los años pasaron, casi todos dejamos el oficio para dedicarnos a otras áreas del mundo creativo y el mercado, en su eterna vulgar capacidad para convertir todo en un negocio, explotaron el nombre para llenarse los bolsillos de efectivo. Las escuelas de diseño empezaron a sacar cursillos, luego maestrías [con cuerpos docentes salidos vaya uno a saber de dónde] y legitimaron ese pseudo conocimiento con certificaciones universitarias, avalados por Ministerios de Educación. Mientras charlábamos, hacíamos una búsqueda rápida en la red sobre el nombre. Salían empresas dedicadas al tema, programas académicos, webs, blogs escritos por cualquiera y un sinfín de subnormales que se auto catalogaban con la palabra; fueron horas de ir revisando uno por uno y seguir a las carcajadas. ¿Sabrían acaso esa cantidad de chavales o egresados de sociología lo que realmente cuesta conseguir las puñeteras tendencias, y de primera mano, o tendrán los huevos suficientes para ir, previo chupito de whisky al seco, a arriesgar el pellejo entre armas, líneas de cocaína y tacones?, ¿Conocerán acaso el arte de transformar tu aspecto cual camaleón para pasar desapercibido en distintos ambientes, desde los más sórdidos hasta los más refinados y salir ileso en el intento? Me pregunto qué será lo que les enseñan dentro de un aula en sus máster donde les sacan un dineral en la patética ilusión de convertirlos en algo "cool", o como le quieran llamar. Luego revisando webs, ya te entra el cabreo de ver más niñatos poniéndose medallas propias sólo por tener una cámara entre las manos y disparar fotos a cualquier payaso en la calle y subirlo a internet en su insaciable alegoría a la fama propia, llenando las nuevas autopistas de la información con más y más basura, aportando a la ya confusa información donde cualquiera cae como si de una verdad absoluta se tratase. Como para buscarlos hasta encontrarlos, agarrarlos del cuello contra la pared y romperles la cara de una sola hostia. "Sabías que pasaría así Alex, todos lo sabíamos, ¿qué te cabreas? Había solo que disfrutar el momento, hacerlo bien mientras durase y desaparecer antes que esto se masificase, déjalo ya que estás en otra cosa", me decía mi colega. Y tenía razón.


Dos días después, por esas cosas de avatar que nunca fallan, caían sobre el escritorio un par de artículos, escritos por Xavi [Sancho] e Iker [Seisdedos]. Los leí una vez. Después abrí una botella para volver a releer, ambos de nuevo. Ya había pasado todo. Tenían razón, al igual que el ramillete de teóricos que mencionan. La crisis económica, el repentino viaje a la nostalgia que permite internet y el pasado como valor de salvavidas alimentan un creciente revival en el mundo creativo. Acabo el año, proliferaron las listas de repaso a sus frutos y entre el coro discordante de tanto opinólogo emergió un claro triunfador: el pasado… el pasado. Podría argumentarse que la cultura del eterno revival es cosa vieja, tan vieja como el siglo. La diferencia, quizá, resida en que vivimos el paroxismo de una tendencia que ha hecho saltar las alarmas de todos esos teóricos, concerniente a la obsesión de la cultura pop con su propia herencia, la incapacidad de la cultura a secas de las dos últimas décadas para proyectarse hacia el futuro en un mundo marcado por los vertiginosos cambios sociales y tecnológicos, un deseo desesperante por volver al pasado, como a un país extranjero sin iPhones, redes sociales y el resto de lo que súbitamente a configurado la vida de casi todo el mundo. Se busca desesperadamente el confort con el pasado, cuando no en lo meramente entrañable. En esa comodidad hay también un ingrediente de conservación. En medio de la crisis económica el pasado se identifica con lo auténtico, con un salvavidas como del Titanic en medio de la tormenta al medio del océano de ese progreso que ya dejó, hace mucho, de ser sinónimo de mejora. Básicamente caballeros, como cualquier otro sector capitalista, la gigantesca industria de la cultura y el estilo, busca lo estable y lo patéticamente predecible. Así fue antes, y así lo es ahora también, pero ahora, extendió sus tentáculos hasta el más alejado rincón del globo.


Todo el mundo quiere triunfar, y para innovar debe haber gente dispuesta, precisamente, a no hacerlo. Por eso parece que volviésemos siempre a lo mismo, porque avanzar es arriesgar, y la gente hoy, prácticamente toda, es más cobarde que nunca. En la música, la ideología de la modernidad se hallaba en pleno corazón del discurso más popular, y alcanzó a los artistas más exitosos de la historia. Pero eso ya pasó… lamentablemente. De la parálisis reinante nace el concepto de la atemporalidad, tan en boga. Ya no puedes detectar la época en la que fue concebida una canción, o una obra de arte, o una prenda de vestir, ni nada. A eso debe sumársele que existe un elemento que ha venido a distorsionar el discurso lineal de un pasado que progresa en el presente para proyectarse al futuro: Internet [again]. Paradójicamente, los nuevos instrumentos se utilizan para afianzar los viejos sistemas, no para crear nuevas perspectivas. La red no solo posibilita acceder de un modo inmediato al archivo universal, sino que permite recrearse en la nostalgia, imitar ademanes y volver sobre lo mismo una y otra vez. El supuesto tedio cultural estimados lectores, es un viejo clásico de la dicotomía entre arte y comercio, entre el "mainstream" y el "underground". La industria, con la sorprendente aquiescencia del gran público, sacaba del "underground" al tedio y lo convertía en tendencias de masas… era lo que hacíamos en esos años… acaso, la más destacable en términos de producción cultural. Después de convertirlo en tendencia, se propagaba alrededor del mundo como una pandemia… Este nuevo tedio masivo parece contaminar cualquier forma de lo anteriormente conocido como entretenimiento. Ahora, el deseo de las masas es que sus artistas y sus objetos sean auténticos, y sobre todo, que no parezcan demasiado cool. Así fue craneado. Lo ven, ¿no? Con todo esto, díganme todos Ustedes, coolhunters de aula, cómo ostras os la vais a arreglar para sacar tendencias, y no tendidos. Queda abierta la pregunta. Muchísima suerte, porque vamos que la vais a necesitar… es todo.



Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
Diplomado en "Gestión del Conocimiento" de la ONU
Diplomado en Gerencia en Administracion Publica ONU
Diplomado en Coaching Ejecutivo ONU( 
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