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viernes, 27 de junio de 2014

Belén Castaño Corvo La inteligencia compartida, un sistema de relaciones entre seres concretos

La inteligencia compartida

  • Belén Castaño Corvo
Jueves, Junio 26, 2014 - 17:27

Uno de los objetivos prioritarios de las sociedades del siglo XXI es la buena convivencia.  En las comunidades indígenas esto se traduce con expresiones cercanas al buen vivir. Tanto uno como otro concepto llevan aparejados la armonía, la cordialidad, la capacidad para gestionar los conflictos que se van presentando y el disfrute de una vida que merece vivirse a fondo más allá de las dificultades que se presentan cotidianamente.

La convivencia se puede analizar desde diferentes ángulos: con uno mismo,  con los demás,  con la naturaleza y con ese ser trascendente al que denominamos Uno, Dios, Brahman, Tao, Mente por citar algunos. Desde otra perspectiva podríamos hablar de la convivencia íntima que es la que se establece en el ámbito cercano, con la familia, la pareja, los amigos o los compañeros de trabajo. Un segundo nivel es la política en el que se nos exige la práctica de virtudes cívicas que permite establecer ambientes de confianza. El tercer nivel tiene que ver con la convivencia con uno mismo de ahí la importancia que cobra la autoestima y junto a ella el trabajo interior que hemos de realizar para ordenar ese mundo interno que se desordena, casi continuamente, por los "afectos desordenados", la búsqueda de reconocimiento o las circunstancias externas que vulneran la propia vida.

Nos construimos a partir de los otros, del reconocimiento recíproco como señaló Adán en el Génesis "esta sí que es carne de mi carne  y hueso de mis huesos". El silencio, la escucha, el diálogo atento favorecen nuestra interacción con los otros. Junto a ello el ser humano se construye en la medida en que con decidido esfuerzo y tesón mira hacia adentro, con la seguridad de que ahí se encuentra el manantial de agua viva y hacia afuera, con la mirada del restaurador que toma en sus manos trozos de vasijas de barro para volver a la obra inicial. Nuestra vidas, las vidas de los otros, los que caminan a nuestro lado, los que se detienen en el apeadero de una vida sin sentido, horrorizados por la violencia doméstica, el crimen organizado, el hambre, las enfermedades terminales, los resentimientos.necesitan restaurarse, necesitan cobrar vida, nutrirla desde el pozo oculto en lo más íntimo de nuestro ser y desde esas relaciones cimentadas por el verdadero amor que se ofrece, que da vida, que reanima.

El desarrollo de nuestra humanidad tiene que ver con la capacidad de conocer y sentir las cosas y las personas en sí mismas. En palabras de Corbí "la humanidad es la capacidad de simpatizar, vibrar y existir con los seres". Sintonizar y estar en la misma frecuencia son temas de urgente solución en un mundo que se mueve velozmente y en el que las cosas suceden de manera vertiginosa.

Para convivir necesitamos marcos comunes de entendimiento, esto nos exige descentrarnos para organizar de manera adecuada nuestra convivencia. La razón individual dificulta este proceso que requiere de una inteligencia social, una inteligencia compartida como señala el filósofo español José Antonio Marina.

La inteligencia compartida es un sistema de relaciones entre seres concretos. En el libro Las culturas fracasadas Marina destaca la interacción como esencia de la sociedad y el papel de la conversación como muestra de  inteligencia social. La conversación supone siempre un intercambio directo de información, no planificado, generalmente en un ambiente de entendimiento cordial, donde cada intervención suscita una respuesta.  El arte de conversar, de pasear por diferentes temas de actualidad, de relacionar la historia con la economía por poner un ejemplo,  de compartir afectos, sentimientos, sueños, aspiraciones […] son sin duda el antídoto de enfermedades actuales como la soledad, la ansiedad, la depresión a la que aluden muchos seres humanos. Necesitamos conversar mirando a los ojos para favorecer la interacción,  el diálogo, la inteligencia compartida, la cercanía, lejos de las prisas, las tensiones que acumulamos. Esta inteligencia compartida sostiene nuestras relaciones humanas y ayuda  al desarrollo de los grupos, de las familias, de los equipos, de las ciudades, de las naciones.  

El capital social de una ciudad nos dirá Marina "es el sistema de normas que rigen la convivencia, el modo de resolver los conflictos, la participación ciudadana para enfrentarse a los problemas y ampliar las capacidades de acción de cada ciudadano, el clima emocional, las asociaciones privadas y las instituciones públicas". El desarrollo de este capital requiere sin duda de la contribución de todos, de la honestidad, del cumplimiento de las obligaciones, de la reciprocidad, en definitiva de la confianza como claro ejemplo de fenómeno compartido.

 

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com















































































































Fuente:

Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
Diplomado en "Gestión del Conocimiento" de la ONU
Diplomado en Gerencia en Administracion Publica ONU
Diplomado en Coaching Ejecutivo ONU( 
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